Rotacion de personal

Rotación en obra: la cuenta que nadie hace

Cada operario que se va se lleva algo más que sus herramientas. Y esa plata no figura en ningún presupuesto.

Preguntale a cualquier jefe de obra cuánto sale el metro cúbico de hormigón y te lo dice de memoria. Preguntale cuánto le costó el último oficial que renunció a mitad de obra y te va a mirar raro.

No es que no le importe. Es que ese número no está en ningún lado.

Cuál es le verdadero costo de que se vaya un operario

Se frena el avance. Entre que se va y entra el reemplazo pueden pasar días o semanas. La tarea queda repartida entre los que se quedan, o directamente parada.

Alguien tiene que buscarlo. Llamadas, contactos, entrevistas. Eso lo hace tu capataz o tu administración, en horas que iban a estar destinadas a otra cosa.

El que entra tarda en rendir. Conocer el proyecto, el equipo y los criterios de calidad lleva semanas.

Aumenta el riesgo de retrabajo. El que recién llegó y no terminó de entender cómo se hacen las cosas acá es el que más probabilidades tiene de que haya que rehacer lo que hizo. Y rehacer una tarea puede multiplicar por cinco lo que costaba hacerla bien.

Sumá todo eso y el reemplazo de un operario calificado cuesta bastante más que su jornal.

La rotación empieza antes de la renuncia

Nadie se levanta un martes y decide irse. Antes hay señales, y casi siempre están en la asistencia.

El que empieza a faltar sin aviso, el que llega tarde seguido, el que hace tres semanas que trabaja jornadas incompletas: ese operario ya se fue mentalmente. La renuncia es el trámite final.

Esas señales no se ven en una planilla que llena el capataz al final del día. Para cuando el dato llega a la oficina, ya es viejo. Y nadie tiene tiempo de leer treinta planillas para descubrir un patrón.

Cuando la asistencia se registra, tenés ventajas

Cuando tenés el histórico de cada operario, la caída de asistencia de las últimas tres semanas se ve sola. Ahí todavía estás a tiempo de hablar con la persona.

Y podés hacer lo contrario también: reconocer al que llega puntual todos los días, con el dato objetivo en la mano.